lunes, 23 de mayo de 2011

Herencia de sangre - Parte 2

El maestro olvidado

Drácula reptaba entre los hogares, se adueñaba de las mentes de sus habitantes, llenándolas de pesadillas sin igual, a él le divertía, no le bastó quedarse allí, viajó a otros pueblos, cruzó fronteras, escaló montañas y nadó distancias colosales, cada día que pasaba, afianzaba más su éxito mundial y su presencia en los medios masivos ¿Pero que fue de Bram Stoker? O mejor dicho ¿Quién fue este hombre que pudo escribir un libro tan emblemático y perdurable?



Abraham Stoker nació en Dublín el 8 de noviembre de 1847, fue uno de los siete hijos de Abraham Stoker y Charlotte Thornley, una mujer notable, que se distinguió por su feminismo militante, siendo defensora de la equiparación de sexos. Un parásito lo esperaba al momento de su nacimiento, se adentró en él y lo acompañó en sus primeros años. Este bicho insensato hizo que el niño solo pudiese estar en cama, volviéndose el más mimado por su madre, quien lo entretenía contándole cuentos de fantasmas irlandeses o historias nefastas, pero al fin y al cabo verídicas, sobre la terrible plaga de cólera que se había desencadenado en el país en1832.

El peso de su enfermedad era grande, apenas si podía moverse, fue por eso que no pudo asistir a la escuela. Para evitar privar al joven del conocimiento, sus padres contrataron a un profesor particular: el reverendo William Woods, quien con una paciencia de plomo, le preparó a través de los años para que este ingresara al Trinity College. Cómo un viento fugaz llegaron los 17 años, y con ellos llegó también la plenitud de la salud de Stoker, quien, como árbol bien nutrido, se había convertido en un gigante, siendo su altura uno de sus atributos, destacó en varios deportes, siendo invencible en las carreras y un futbolista genial, pronto la popularidad invadió su entorno, llegando a ser presidente de la Philosophical Society.

Stocker yacía entrampado en una carrera administrativa, la monotonía y el aburrimiento le hastiaban, siempre debía hallar la manera de escabullirse de las garras del tedio para así dedicarse a sus dos pasiones: ir al teatro y escribir. En su mente, cultivada en relatos fantásticos de terror, comenzó a plasmar sus primeras obras: “The Crystal Cup” en 1872 y “The Chain of Destiny” en 1875, fueron, entre otras, el nacimiento de su faceta de escritor. A tal punto le gustaba plasmar su imaginación en el papel, que consideró seriamente el renunciar a su fastidioso trabajo y vivir de sus obras, pero no fue hasta que, después de varios años de amistad, Henry Irving, un reconocido actor de la época, le ofreciera convertirse en su secretario personal, apoderado de su compañía y director administrativo del Lyceum. Las neuronas no tardaron ni diez nanosegundos en llegar a un consenso: aceptaron la propuesta — Después de todo ¿Qué mejor que esta nueva ocupación? Podré tener más libertad de movimiento, se me abrirán las puertas en los grupos más prestigiosos, tanto teatrales, como literarios y además podre dedicarme de lleno a mi pasión, la escritura — pensó un satisfecho Stocker.
Cómo  el agua y  el aceite, la personalidad de Stoker estaba separada en dos: por el día llevaba una ajetreada vida pública, bastante aplicada y banal; y al caer la noche, renaciendo esplendorosamente como su célebre conde, mantenía una intensa vida. Además, en sus momentos de ocio, le quedaba tiempo para dejar vagar su mente en sus escritos predominantemente fantásticos, en los que aparece claramente reflejada esa dicotomía en la oposición fundamental de dos mundos: uno, extremadamente realista (localizaciones geográficas muy concretas, referencias históricas, etc.); el otro, sobrenatural, misterioso y terrible.

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