lunes, 23 de mayo de 2011

Herencia de sangre - Parte 1

Abro el SOMOS número 1275, del Año XXIV, hay una suerte de homenaje a los vampiros — Que bien, se han acordado de Drácula — pensé — Ya que el 18 es día de semana, suponía que SOMOS recordaba a la novela de Stoker en aquel artículo. Los ojos surcaron por los párrafos, buscando sin éxito aunque sea una mención a los 114 años de la obra, sabía que los números que no eran “grandes”, o sea, los que no terminan en cero, no eran tan importantes para los medios, pero aún así era una fecha trascendental ¿no es así? Solo un par de líneas fueron dedicadas a la memoria de Stoker — ¿Injusto no es así? — En el resto de la semana, no pude encontrar mayor impacto de la noticia en medio alguno, así que, si los medios no se acordaban del buen Vlad Tepes, yo les iba a refrescar la memoria.




El soberano de las sombras

Bram Stoker se dirigió a una imprenta, quería publicar su obra lo más rápido posible. Un 18 de mayo de 1897, Drácula, el más reciente vástago de su imaginación, vio la luz. El escritor irlandés jamás imaginó, ni siquiera en sus más salvajes sueños, la repercusión que su obra generaría décadas después. El libro no ha dejado de publicarse desde su aparición, esa persistente y tenaz longevidad, así como sus perturbadoras resonancias psicológicas, explican que se haya convertido en un clásico indiscutible, cuya trama parece rejuvenecer con el paso de los años.

El Conde se aleja de otros vampiros, tanto anteriores como posteriores, se vuelve bruma y se eleva, él es diferente, lo sabe, no es como ellos, él ha nacido del conjunto de una tradición folklórica oral, de hechos históricos y de la desenfrenada mente de su autor, él encarna la esencia misma del vampirismo. Desplegando un hechizo macabro en sus víctimas, las transforma en meras marionetas de su aura atractiva e irresistible. Las petrificadas ovejas, no hacen más que darle la bienvenida al abrazo fatídico de las sombras, a esos caninos prominentes, a esa sed interminable, en fin, a las cumbres de éxtasis y pasión que el vampiro les proporciona.

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