Es miércoles 4 de mayo, es de noche, a esta hora dentro de 5 días un tumulto de gente se invadirá enloquecido al estadio Monumental, lugar donde uno de los legendarios Beatles, Paul McCartney se presentará. Según dicen, sería un lleno total, pero aún hoy faltan tres mil boletos a vender.
Largas colas arremeten, se empujan y se exasperan ante la espera, pero aún así prevalecen. Y no esperan por cualquier cosa, habían prometido su llegada tantas veces que parecía cuento, pero no fue así, Paul McCartney por fin aterrizaría en tierras peruanas. “¡Puedo morir feliz después de verlo!” — grita a la cámara una fanática, sus patas de gallo, sus mal disimuladas ojeras y el tinte barato de su pelo, delatan que ha seguido a Paul desde que pertenecía a los Beatles. Cientos de beatlemaniacos se encontraban en el ring, danzando como moscas a la que le faltan dos patas y tienen las alas llenas de huecos, esquivando los ganchos derechos e izquierdos, crueles y certeros por cierto, que los precios de las entradas lanzaban, y es que costear entre 260 soles a 1970, como mínimo te deja tuerto.
Arrastraba largas y pesadas cadenas, por un colosal desierto, sudando amargamente, esquivando la muerte constantemente, sin posibilidad aparente de mejorar su situación, sin embargo, una luz salió de las entrañas del cosmos, le iluminó el camino, y le dio una mano amiga. Uno de los más grandes equipos nacionales, Universitario de Deportes, recibirá 100 mil dólares por el alquiler del estadio — “El concierto de Paul McCartney nos va dejar grandes ganancias por el alquiler del estadio y de publicidad. Ese ingreso va permitir cubrir gastos de planilla del primer equipo y otras obligaciones. Gracias a este evento el Monumental se relanza y será el inicio de grandes eventos y esto es gracias al acuerdo de la junta directiva con los palquistas”— manifestó el tesorero de la ‘U’, Julio Álvarez.
Con dolores de parto, respirando ferozmente y luchando sin reserva alguna, Mary McCartney se encontraba acostada en una habitación del hospital Walton, en el mismo lugar donde ella misma había trabajado: en la sala de maternidad. Un 18 de junio de 1942, Paul abrió sus grandes ojos y vio por primera vez la luz, había nacido en medio de una familia de ascendencia irlandesa y con fuerte fe en la iglesia Católica.
Cuando se desempeñaba aplicadamente en el Stockton Wood Road Primary School, conoció a una niña llamada Beatrice, quien sería su primera compañera de juegos, y además su primer amor, sin embargo, la muerte, tantas veces infausta en las decisiones que toma sobre a quién llevarse de pareja de baile, los separó. La pena inundó las entrañas de Paul, mas no sería la última, él lo sabía. El 31 de octubre de 1956, sea posiblemente el día más penoso de recordar para Paul, ya que su querida madre falleció debido a un cáncer de mama. Jim, su padre, quien había sido músico, poco después del fatídico acontecimiento, le regaló a Paul una Framus Zenith modelo 17 plateada, ya que deseaba que sus hijos fuesen músicos. Contrariando en parte los deseos de su padre, el mayor de sus hijos, cambió la trompeta por una guitarra acústica, lo que le permitió cantar y tocar al mismo tiempo, este era el inicio de su carrera artística.
En medio de los psicodélicos años 60, en Liverpool, se juntaron cuatro muchachos: Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Star, juntos procrearon al que sería una de los más importantes representantes británicos: The Beatles, quienes cosecharon una próspera carrera musical, obteniendo entre otros distintivos: un Óscar en 1971 por mejor Banda Sonora Original en la Película Let It Be y 7 premios Grammy. Fue tal el predominio de ellos, que la misma reina no pudo evitar nombrarlos miembros de la Orden del Imperio Brítánico. Lo Que parecía ser un fortín impenetrable, erguido en el más fino y resistente mármol, se disolvió cual castillo de naipes en un fatídico 10 de abril de 1970, cuando los 4 fantásticos decidieron tomar rumbos distintos.

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