miércoles, 22 de junio de 2011

La luchadora incansable

Con un derechazo comenzaba la batalla, Analí Cabrera se encontraba en una esquina; y, en la otra, el cáncer. Familiares, amigos, compañeros de trabajos, admiradores y demás espectadores la alentaban. Luchó, recibió golpes, pero también supo responderlos, por más de dos años, la actriz batalló incansablemente, round tras round, sin dar marcha atrás. Sin embargo, el combate terminó en medio de lágrimas: “Chelita” había fallecido.



Comiendo pollo, tomando vino y recordando anécdotas del pasado, Analí y sus familiares celebraban sus 52 amaneceres; en medio del festejo y la alegría, un polizonte indeseado se coló a la fiesta. Poco después del brindis, la salud de la actriz se vio deteriorada. Llegaron los paramédicos, mas no pudieron hacer nada, el polizonte indeseado ya se la había llevado a su lado.
En medio de un envolvente manto de tristeza, su cuerpo fue trasladado al velatorio de la iglesia Virgen de la Evangelización, en Surquillo, donde solía acudir a orar.
Con gran pesar en sus rostros, los familiares recibían las condolencias de los diversos invitados, entre los que figuraban Gisela Valcárcel, sus compañeros de Risas y Salsa Jesús Morales y Raúl Beryón, así como la actriz Irma Maury, Lucy Bacigalupo, Juan Carlos Ferrando y su ex esposo Rodolfo Carrión (‘Felpudini’).

Ana Luisa Cabrera Villarreal, nació un 21 de junio de 1959 en Lima. Era la hija mayor de una familia numerosa de 14 hermanos y desde muy joven supo que para ayudar en la casa, ella debía trabajar.
“Con el desaparecido guionista Aldo Vega nos rompíamos la cabeza buscando a ‘Chelita’, la secretaria bella para el sketch de ‘El jefecito’ y, cuando la vimos, dijimos al unísono: ¡Ella es” - recordaba Aguilar sobre la secuencia  que fue protagonizada por Antonio Salim como el ‘Jefecito’ Federico Lanzarote y Rodolfo Carrión como ‘Felpudini’.

Su personaje de pícara secretaria se convirtió en un boom y fue el ancla que mantenía a cientos de familias peruanas frente a su televisor para deleitarse con las frustraciones del ‘Jefecito’ que, al verla, exclamaba siempre, tocándose el corazón: “¡Quieto, loco, quieto!”. Reinventándose en los 80, con un programa de aeróbicos, Analí se convirtió en el ejemplo que muchas mujeres siguieron para mantenerse en forma.

Analí fue un símbolo de la sensualidad y picardía peruanas, un ejemplo para las mujeres de su época, una persona que nunca generó escándalos, ni ventilaba sus intimidades, mas que nada, y por lo cual será recordada con cariño por sus conocidos y seguidores, ella era una luchadora incansable.  

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