martes, 5 de abril de 2011

Reflexiones de un caminante



Despierto en la mañana, hace frío y mi cerebro, como ya es costumbre, solo funciona en un rango de 30 a 40 por ciento de su capacidad total. Me duele el cuerpo, no solo porque creo haber dormido mal, sino porque me acuerdo que hace un par de días, por culpa de mis malgastadísimas pantuflas, me resbalé y caí por las escaleras. Afortunadamente no me golpeé la columna, la cabeza o el cuello, ya que, probablemente estaría mucho peor, pero aún así mi cuerpo se quejaba, casi tanto como se había quejado el sábado después de ver “Temporada de Brujas”, una película que comenzó más o menos bien, pero que a lo largo de la película se volvió terriblemente predecible, y cuya parte final fue, por decir lo menos, una desgracia total.

Veo el reloj, son como las 7:12, me doy cuenta que hubiese sido una mejor idea colocar la alarma 10 minutos antes, solo porsiacaso, ya que, nunca puedo prevenir totalmente con que ánimos me levantaré al siguiente día. Parecía increíble creer que las vacaciones hubiesen terminado, aún lo digería cuando me dirigía hacía la cocina. Toda un temporada de comprar comics, ver series en internet, leer libros como “Drácula”, que a pesar de ser algo viejo, me entretuvo tanto o más que “Nocturna”, un libro que compré el año pasado solo porque el nombre de Guillermo del Toro estaba en la portada, y que ciertamente, hasta ahora, es uno de los libros que me ha “atrapado” más en el desarrollo de su historia.
Ya estaba abajo, hoy no llega El Comercio — solo lo hace los martes, jueves, sábados y domingos — tendría que comprar un Perú.21 cuando saliese de la casa, lo más probable, como comprobaría minutos después, es que la portada tratara del llamado debate que había acontecido el día de ayer.

Comienzo a hervir el agua, a calentar el café, a buscar la bendita bolsa de pan, (que bien podría haber estado escondido en cualquier parte de la cocina) a sacar un plato, donde colocaría los panes, y, finalmente, a llenar un vaso con agua. Me encanta el lugar, mi casa, o mejor dicho la de mis padres, está ubicada en una residencial más o menos tranquila, con gente algo quisquillosa y sus típicas “horas pico”, me digo a mi mismo que algún día, a penas tenga el dinero, me compraría un departamento, simple, de un piso. No me interesaría mucho el distrito, mientras la zona sea tranquila y segura.

Salgo de casa apurado, se me ha hecho tarde, según mi lógica, definitivamente tuve que haberme levantado 10 minutos antes — me digo a mi mismo refunfuñando — compro mi periódico. "Con suerte algún día trabajaré para algún periódico que pertenezca a la familia de El Comercio" 
— pienso mientras veo una portada que parece calcada del debate anterior, pero que, creo o, no se podía evitar repetir: "NO PASÓ NADA", o algo así rezaba el titular de la portada, y la verdad que el poder somnífero del llamado debate fue poderosísimo, tanto que casi me noquea al menos tres veces.
Afortunadamente, me las ingenié para mantenerme despierto...

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