miércoles, 6 de abril de 2011

Prejuicios Infaustos



Es domingo por la tarde, mañana comenzaré un nuevo ciclo universitario, a mi mente algo cansada, por tantas horas de exposición a la computadora, se le ocurre de la nada revisar el correo de la universidad. “No tengo nada mejor que hacer hasta que comience el debate”— pienso — Una vez entré al sistema electrónico comencé a revisar la bandeja de entrada: varios correos, poco interesantes por cierto, que me informaban sobre charlas de sicología y no se cuanta vaina. Entre los ya repetitivos mensajes de una “institución” —no se que otro nombre colocarle — que “ayuda” a los estudiantes en ciertos cursos, que curiosamente casi todos son de épocas “cachimbas”, y la verdad que me harta que sigan enviando estos mensajes quisquillosos; hallé algo extraño, en la agenda semanal había un “spot” —si es que puedo llamarlo así — que rezaba lo siguiente: “Entrega de cuadernos ULIMA”. Pensé ciertas palabras de muy alto calibre, preguntándome qué pasaba aquí, que clase de broma era esta que me jugaban mis ojos, que bien podrían terminar como los del pobre Edgar Degas.  ¿Acaso el desánimo ante el inminente regreso a la universidad hubiese provocado la segregación de alguna toxina dañina que había convertido a mi cerebro en algo menos sólido que el queso de una cheeseburger? Pero no, lo volví a leer una y otra vez hasta convencerme de que mi cerebro estaba bien, al menos, por ahora.
Lunes, es de día, llego a la universidad en la mañana, hace algo de calor, la verdad que no entiendo este clima de miércoles; por no emplear una palabra más fuerte, pero más justa.
¿Por qué tan cambiante? ¿Tan indeciso? ¿Tan molestoso? No creo que nadie lo sepa…
Me dirijo angustiado y repleto de dudas al pabellón W: ¿Por qué de la nada vienen a “regalar” cosas — bien sabía que con lo que pagamos bien pueden “regalarnos” un “pack” de mochila, cartuchera y cuaderno —? ¿Acaso no había sido el único loco que se había dado cuenta de que la pensión había estado en aumento año tras año y, para evitar un descontento, la universidad había tomado esta acción aparentemente populista —no sabía si empleaba bien la designación, pero fue lo primero lo que se me vino en mente —? ¿Trataban de ganar fama de “regalones” para así obtener más alumnos? No tenía idea, simplemente avanzaba a paso algo acelerado, ya que, mi cuerpo malherido por un accidente no podía darse el lujo de andar trotando y menos corriendo.

Al llegar al lugar encuentro una enorme cola. “Algo así debió ser el primer gobierno de Alan” — pienso. Me colocó detrás de un grupo de gente anónima para mi y espero… al fin llego, me dan un cuaderno de colores claros, forrado con lo que parece ser VINIFAN bamba, dentro de este forro había un lapicero ARTESO color púrpura, un detalle muy curioso por cierto. Además de esto, me dieron el Manual de normas, que lo leí un rato y de ahí lo guarde no se dónde, y una regla de “USE – Universal Student Exchange”. No tuve ganas de abrir el empaquetado, cuando regresé por primera vez a mi casa — para almorzar y de ahí regresar a la UL — dejé en mi escritorio este singular “regalo”.

Después de la clase del taller de crónicas periodísticas, me dirigí de nuevo al “hall” —no tengo la más mínima idea de por qué le llaman así — del W, pero esta vez, a pesar de que la espera fue casi nula, fue mucho más incómoda, le pregunté a uno de los muchachos, porque no tengo idea de cómo llamarlos, que se encontraban ayudando a entregar estos cuadernos, si es que podía ponerme en contacto con alguno de los organizadores del evento, inmediatamente le pasó la voz a un muchacho bien vestido que estaba por ahí dando vueltas, este, quien jamás tuvo la amabilidad de darme su nombre, me dijo que el evento no era una cuestión espontánea, sino que era una cuestión que se había planeado de antemano hacia ya varios años. Cuando intenté que fuese un poco más específico, dudó, se lo vi en la cara, y llamó a su auxilio a una mujer, quien de ahí en adelante me respondió con la mayor claridad y respeto posibles. ¿Qué sucedió con el muchacho NN? Pues, huyó el muy cobarde, se arrinconó en algún bunker secreto debajo del W y no lo volví a ver jamás…

María Angela Moses, una de las organizadoras del evento, se tomó un poco de su tiempo para atender mis dudas, le agradecí y le agradezco su gentil y honesta manera de responder a una mente algo atareada por el primer día de clases, y que, como comentaré en un rato, no pudo evitar sacar a flote su carácter ácido e inoportuno…
Ella me comenzó a explicar que pertenecía al área de marketing, y que su misión en ese acto era difundir la ideología de la UL (misión, visión y otros aspectos que ella afirmaba estaban colocados en el cuaderno) y generar identidad en el alumno, algo así como una identificación.
Según me dijo se necesitaron de varios auspiciadores — ¡Y vaya que hasta son excesivos! — para solventar parte gastos, y que la otra parte, la asumió la universidad. Decía que esta entrega “gratuita” de libros, no era lo único que habían echo, sino que ellos habían organizado los círculos de talleres, el estreno de la película “Un mundo surreal”, entre otras actividades, todas ellas queriendo responder a la interrogante de algunos alumnos de “¿Cómo me recibe mi universidad?”. Todo iba bien, hasta que solté la pregunta: “¿No cree que esta es una medida en cierta manera populista?”. Su cara cambió, su voz ya no era tan lisa, y ciertamente sentí una suerte de “presión” encima. Ella me dijo que de ninguna manera era algo populista, que un cuaderno no haría que te quedases en la universidad o que te gustara más. Ni bien acabé con mi mini entrevista, le solicité su nombre, y ya cuando me estaba hiendo, ella me lo preguntó a mí. Bien pude inventar un nombre, pero simplemente no me pareció correcto: había generado una molestia, había insultado su esfuerzo y trabajo, me sentía culpable, simplemente debía apelar a la verdad…

Llegué a mi casa, arranqué el VINIFAN bamba y cayeron varios descuentos, promociones y no se cuanta cosa más. Eran “cupones” o “consolidados”, promociones bacanes que nos daban por pertenecer a esta universidad. Ni bien vi eso, me abordó de nuevo la duda: ¿Si regalar cuadernos, con descuentos incluidos, no es populismo entonces que demonios es?

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