Aún cuando planeaba despertarme a las 10 de la mañana, me levanté a eso de las 7 y algo de la mañana, baje a tomar mi desayuno, recogí el periódico y comencé a leerlo. Después de un buen rato, salgo caminando, escuchando en mi MP3 las canciones de PULP mientras me dirijo a votar. No hay mucha gente en las calles, hay un par de carros dando vueltas, es probable de que la mayoría este emitiendo su deber, o, ya lo haya cumplido. Cruzo al costado del Metro de Canaval y Moreyra, mientras más me acerco a mi centro de votación, se concentra un cúmulo de gente. Hay cámaras aquí y allá, supongo que estarán realizando sus encuestas a boca de urna. No le hago caso a las cámaras, ni a los curiosos, me abro paso a través de los ingenuos que recién en esos momentos estaban certificando si efectivamente votaban ahí.
Encuentro el salón donde votaría, casi como lo adivinaba, había una cola larga de espera. Después de dos o tres señoras de edad, entro al aula, recibo la cédula, voy a la esquina y emito mi voto, marco los dos mapas para presidente y coloco un par de números, el 1 y el 10 en congresistas. Al rato, cierro la cédula, la coloco dentro del ánfora, firmo, coloco mi dedo índice entintado en la hoja impresa, y de ahí coloco mi dedo medio en la tinta púrpura. Recojo un par de servilletas, me limpio lo mejor que pude el dedo y regresé a mi casa. Cuatro por la tarde, el primer flash informativo parece alentador para PPK. Me alegro al ver que Toledo está hundido y siento lástima por Castañeda. Mientras espero al nuevo flash leo un libro, después de un par de horas me voy a dormir, me levanto exaltado, como si me poseyera un espíritu maligno, son más de las ocho de la noche, veo la pantalla de
Lunes por la mañana, la ONPE está a más del 70%, aún aumenta la diferencia entre Keiko y PPK, me da un escalofrío general, ahora era más difícil que mi candidato fuese a pasar a la segunda vuelta, ya tenía que ir pensando en el peor caso: Ollanta contra Fujimori ¿Qué haría? Sentía que la presión se me bajaba, la depresión me invadía… ¿Qué opción debía escoger? Mi cerebro comenzaba a procesar la idea, nada agradable por cierto, de que tendría que votar, con el dolor de mi alma, por uno de ellos ¿quién? No lo sé, pero de algo estoy seguro: lloraré lágrimas de sangre ese día, vomitaré con asco después de votar, me tumbaré en mi cama y me hundiré en la más terrible depresión que afrontaré en mi vida y le pediré a Budha que se apiade del Perú.

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